Marta no podía sentarse en una terraza, ni ir a la playa, ni conducir tranquila. Una fobia que arrastraba más de diez años y que había llegado a hacerle renunciar a la idea de tener hijos.
Una intervención y dos sesiones de acompañamiento. Hoy va al parque con su hijo y ni lo piensa.
«Estoy viviendo y disfrutando de cosas que antes no podía. Y cada vez iba a peor.»














